5 de diciembre, 2025

¿Por qué Siria sigue sin ser seguro un año después de la caída de Bashar al Asad?

© Natalia Sancha
El 8 de diciembre de 2024 se produjo la caída de Bashar al Asad, tras 24 años en el poder de la República Árabe Siria y más de 14 años de un conflicto que causó uno de los mayores desplazamientos forzosos de nuestro tiempo. Sin embargo, Siria continúa sin ser un país donde la seguridad de todas las personas esté garantizada. 

Se cumple un año desde que, en apenas diez días, una ofensiva conjunta de grupos armados pusiera fin a más de cinco décadas de gobierno de la familia Asad. Pocas semanas después, diversos Estados miembro de la UE suspendían la tramitación de las solicitudes de asilo de personas procedentes de Siria, un hecho precipitado y contrario al derecho internacional, tal y como advertía CEAR. Pero ¿en qué situación se encuentra Siria en estos momentos? 

Una precaria situación humanitaria 

El conflicto armado ha dejado una profunda herida en Siria: al menos 306 887 personas perdieron la vida tan solo entre 2011 y 2021, según la ONU, mientras miles de familias continúan buscando a quienes desaparecieron de manera forzosa, entre 100 000 y 200 000 personas durante el gobierno de la familia Asad, según estimaciones.  

Entre las principales consecuencias en el plano humanitario, se encuentra la existencia de hasta 16 millones de personas necesitadas de atención humanitaria urgente para cubrir sus necesidades básicas. Esta situación se ve agravada por la violencia en el norte y sur del país, así como por las condiciones de sequía que están afectando de manera alarmante a la seguridad alimentaria y el acceso al agua. 

La violencia y la impunidad perduran 

A pesar del nuevo escenario que se abre tras la caída de Asad, el país enfrenta esta nueva etapa en un contexto de inestabilidad política y económica, tensiones y violencias intracomunitarias; y bajo el impacto de la crisis climática, la injerencia extranjera y los ataques de Israel. 

A nivel interno, el frágil proceso de transición se ha visto empañado por el estallido de brutales violencias en las zonas costeras de Hama, Homs, Latakia y Suwaida. Estos sucesos han provocado nuevos desplazamientos forzosos. Tan solo durante el primer semestre de 2025, 52 300 personas se desplazaron internamente, mientras 103 000 huyeron al Líbano, según ACNUR. Por su parte, Israel, que ocupa ilegalmente el territorio sirio de los Altos del Golán desde 1967, continúa intensificando sus ataques sobre el país, extendiendo su presencia militar y alimentando las tensiones sectarias.  

Asilo y retorno 

En la primera mitad de 2025, el número de personas refugiadas sirias a nivel global descendió hasta los 5,5 millones. Esto supone que 1 de cada 7 personas refugiadas en el mundo procedían de Siria. En la UE, Siria ha pasado de ser la primera nacionalidad de origen de las personas que solicitaban asilo a la tercera, registrándose un descenso de un 54 %. En España se han registrado 264 solicitudes este año y tan solo el 37 % de las resoluciones son favorables, frente al 82 % en 2024.  

Por otra parte, el número de personas sirias que regresaron a su país durante el primer semestre del año ascendía a más de medio millón, según ACNUR. Pese que a muchas personas refugiadas desean regresar a sus hogares, la realidad es que el retorno de gran parte de la población refugiada solo podrá culminar una vez asegurado el establecimiento de un gobierno democrático, el restablecimiento de la seguridad y una reconstrucción efectiva. Ninguna de estas condiciones puede darse en el corto plazo, de modo que aquellos países que acogen a personas sirias deben garantizar y mantener su protección. 

Un largo camino hacia la seguridad y la estabilidad 

En marzo de 2025 se formó un Gobierno de transición con una declaración constitucional transitoria para los próximos cinco años, y en octubre se celebraron elecciones parlamentarias, si bien conforme a un modelo híbrido y restringido. Sin embargo, para lograr la seguridad de toda la población, continúa siendo necesario garantizar el derecho de asilo, así como el acceso a la ayuda humanitaria necesaria. 

Por este motivo, la UE y España deben promover y fomentar un proceso de transición democrática sólido, especialmente a través del fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil locales. Asimismo, deben ponerse en marcha mecanismos de lucha contra la impunidad, asegurando el derecho a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición para todas las víctimas de violaciones de los derechos humanos. 

Las personas sirias merecen sanar de sus heridas y tener un lugar seguro al que volver, si así lo desean, tras 14 años de un conflicto que ha marcado sus vidas para siempre.  

Cuando se cumple un año de la caída de Bashar al Asad, Siria continúa sin ser un país seguro por lo que la protección a las personas sirias debe continuar garantizándose en los países de acogida. Compartir en X
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