Ahora más que nunca, es necesario nombrar esta realidad. Porque la salud mental no es solo un tema clínico o individual: es un reflejo de las condiciones de vida, de la seguridad, de los vínculos y de la esperanza compartida. Y cuando todo eso desaparece, lo que se resquebraja no es solo la mente de las personas, sino el tejido social que sostiene a toda una comunidad, como la palestina, que se articula, y ha sobrevivido durante generaciones, sobre los pilares de la familia y la comunidad, y sobre el arraigo a su tierra.
Estas palabras de Devin George Atallah y Yasse Matar Abu-Jamie, psicólogos palestinos en la diáspora y el exilio, reflejan la importancia de la salud mental desde su propia mirada cultural:
“La curación intergeneracional es fundamental para la identidad palestina. Esta curación es el núcleo en nuestra lucha, por seguir protegiendo y cuidando, frente a la violencia colonial genocida, que, por diseño, pretende hacer imposible nuestra perseverancia intergeneracional. La salud mental y la curación palestinas son un terreno de lucha y son especialmente significativas mientras seguimos encontrando formas de hacer crecer nuestra continuidad de vida, y de resistencia, tanto la curación, como nuestra continuidad, dependen de nuestros hijos y antepasados y de nuestra determinación para sobrevivir frente al genocidio y la continua oleada de traumas”.
Por eso, ahora más que nunca, defender la salud mental del pueblo palestino y todos los pueblos oprimidos es también defender los derechos humanos, la dignidad, la memoria y la posibilidad de que tengan futuro.
* El equipo de Atención Psicológica de CEAR acompaña a las personas migrantes y refugiadas que han sufrido graves violaciones de derechos humanos, a través de un proceso de identificación, análisis y recuperación. El año pasado atendió a más de 7000 personas garantizando su derecho a la salud mental. Este servicio cuenta con la financiación del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, y está cofinanciado por la Unión Europea.