6 de marzo, 2026

Por un 8M de resistencias feministas que tejen refugio frente al machismo y el racismo

Ante el auge de políticas y discursos regresivos en materia de derechos humanos, que afectan de manera especial a grupos de personas tradicionalmente estigmatizados, entre los que se incluyen las mujeres migrantes y refugiadas, desde CEAR reivindicamos estrategias de resistencia basadas en la construcción de redes y expresiones artísticas.

Huir por ser mujer

Las desigualdades estructurales de género se encuentran en el origen de las causas de persecución específicas que afectan a mujeres y niñas a nivel global, como son la trata de personas con fines de explotación sexual, los matrimonios forzados, la Mutilación Genital Femenina y la violencia de género en sus múltiples manifestaciones. Además, estas desigualdades y la persecución y la violencia se replican y a veces se profundizan en sus trayectos migratorios y en los países de tránsito y destino.

Las dificultades del proceso migratorio se multiplican. Por un lado, las políticas migratorias cada vez más restrictivas basadas en la militarización y la externalización de las fronteras, que se traducen en la construcción de vallas, las devoluciones ilegales y sumarias, las redadas policiales o las restricciones de visados para tomar un avión, hacen que muchas mujeres y niñas se vean abocadas a emprender viajes largos y peligrosos para buscar refugio. A menudo, ante la falta de vías legales y seguras, la única opción que tienen es recurrir a redes informales de tráfico y trata de personas, lo que les expone a situaciones de gran vulnerabilidad, violencia y discriminación interseccional. Por otro lado, aún en el país de destino las mujeres y niñas están expuestas a formas específicas de discriminación, estando más expuestas a riesgos de sufrir violencia, abuso y explotación, lo que dificulta aún más su inclusión social y bienestar psicológico.

Retroceso de derechos y auge de discursos machistas

La persecución por motivos de género fue la segunda razón por la que las personas solicitaron protección internacional en España en 2024, según el Ministerio de Interior, representando un 24,5% de todas las solicitudes presentadas. Estas cifras vienen acompañadas del auge global de políticas y discursos regresivos en materia de derechos humanos, especialmente hacia grupos tradicionalmente estigmatizados como es el caso de las mujeres migrantes y refugiadas.

En este sentido, preocupa especialmente la situación en países como Afganistán donde la ofensiva contra las mujeres y las niñas “constituyen un marco institucionalizado de apartheid de género”. O Irán, donde las mujeres han vuelto a estar al frente de las protestas iniciadas a finales de 2025 para reclamar justicia social y derechos individuales, sufriendo la represión brutal de las fuerzas de seguridad. En Sudán o en la República Democrática del Congo, las violencias contra mujeres y niñas, y en particular las violencias sexuales, se utilizan como método de guerra. En Venezuela, la crisis multidimensional tiene un efecto diferenciado para las mujeres y los feminicidios siguen en aumento. En Mali o Somalia, las mujeres siguen enfrentándose a prácticas tradicionales lesivas como la Mutilación Genital Femenina, una forma extrema de violencia contra mujeres y niñas. En Palestina, el desmantelamiento deliberado y sistemático de los servicios de salud en la Franja de Gaza por parte de Israel, con la intención de frenar los nacimientos, constituyen un auténtico genocidio reproductivo. En Colombia, datos oficiales indican que más de 400.000 mujeres han sido víctimas de homicidio y más de 57.000 mujeres se encuentran en situación de desplazamiento forzado interno en el marco del conflicto, que ha impactado de forma desproporcionada a las mujeres indígenas y afrocolombianas.

Estas son algunas de las violencias machistas más alarmantes, pero hay muchas más. Además, los últimos años se ha producido un incremento exponencial de la violencia digital que impacta principalmente en mujeres y niñas. En definitiva, el auge de discursos machistas y el retroceso en políticas que garantizan la igualdad está poniendo en riesgo los derechos conquistados por mujeres en todo el mundo.

Formas de resistencias feministas

No es nuevo. Las mujeres llevan siglos tejiendo estrategias de resistencia contra los abusos y vulneraciones de sus derechos, desde la preservación de prácticas estéticas, culturales y expresiones artísticas ancestrales, hasta la creación de redes de apoyo mutuo. Desde CEAR, reivindicamos prácticas de resistencia colectiva para impedir que se sigan vulnerando los derechos de las mujeres, en especial los derechos de las mujeres y niñas migrantes, doblemente vulnerados.

Algunas de estas prácticas son la Red de Sanadoras Tzk’at en Guatemala dirigido a mujeres defensoras de derechos y territorios, muy expuestas a la violencia política y sexual. La práctica cultural de la “juntanza” en Colombia ha permitido a las organizaciones lideradas por mujeres iniciar procesos de resiliencia, verdad, reconocimiento, convivencia y no repetición. Las Patronas en México llevan más de 30 años proporcionando agua y alimentos a las personas en movimiento procedentes de distintos países centroamericanos. Las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina han jugado un papel fundamental en la codificación de la práctica de las desapariciones forzadas como crimen internacional. Su ejemplo se ha extendido a otras latitudes como como las madres de las personas desaparecidas en el marco de la represión contra la minoría kurda en Turquía (Madres de los Sábados) o las Familias por la Libertad en Siria. También las mujeres saharauis han sido punta de lanza en la construcción de la memoria y la cultura colectiva de su pueblo y en el desarrollo de pedagogías feministas y decoloniales, particularmente en los campamentos para personas refugiadas.

Estos son solo algunos ejemplos de las múltiples formas de resistencia feminista impulsados a lo largo de los siglos por las mujeres. Por eso,  CEAR también reivindica este 8M la poesía como estrategia de resistencia para tejer refugio con la grabación de la lectura colectiva del poema ‘Casa’, de la poetisa somalí Warsan Shire. 

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