Malaka se afianza como pieza clave para apoyar a aquellas personas que deben abandonar el sistema de acogida. Situación persistente, y en aumento debido al incremento de resoluciones negativas, lo que dificulta los procesos de inclusión, llegando incluso a provocar situaciones de exclusión social.
El programa se constituye, en Málaga, como una alternativa para dar continuidad a los procesos de inclusión paralizados. En un periodo de un mes (susceptible a modificaciones en casos de mayor vulnerabilidad) se trabajan los itinerarios de inclusión hacia una autonomía con la mayor dignidad posible. Se proporcionan los recursos necesarios para cubrir necesidades básicas como manutención, cobertura de farmacia o alojamiento. Además, de facilitar acompañamiento en el proceso de salida.
Modelo híbrido como novedad
Este año el programa presenta una importante novedad: la puesta en marcha de un modelo hibrido de alojamiento.
En 2025, se cuenta con un dispositivo de 15 plazas, manteniendo la posibilidad de ofrecer soluciones habitacionales convencionales cuando se alcanza el máximo de plazas en el dispositivo del programa y/o son perfiles con mayor grado de autonomía y con una salida planificada más inminente.
Se mantienen el número de atenciones
Durante 2024, y este 2025, 94 personas han sido recibido ayuda de alojamiento, además de orientación y apoyo en su itinerario de inclusión. La mayoría proceden de Marruecos, Venezuela y Colombia, nacionalidades que coinciden con las principales que reciben resoluciones denegatorias en España. Principalmente corresponden a personas solas, pero se ha producido un considerable aumento, respecto a años anteriores, de familias con más de dos componentes en la unidad familiar.
Dos de estas personas son Adama Kone y Joana. Adama, es un joven de Costa de Marfil que, tras haber sido denegada su solicitud de protección internacional, recaló en el programa. “Ahora tengo donde dormir y comer todos los días. Me encanta la casa, comparto con personas muy buenas, es como un hogar”, señala. Recientemente ha comenzado a trabajar en un almacén. Espera encontrar piso pronto y vivir el futuro que se merece “me encantaría vivir en mi propio piso, trabajar en Málaga o en otro lugar donde haya trabajo”.
Mientras, Joana, de Venezuela, llegó al programa junto a su marido, hijo y suegro tras recibir residencia por razones humanitarias. “Mientras encontramos un piso, Malaka nos está ofreciendo un lugar seguro donde dormir, no sé qué hubiéramos hecho si no existiera”, señala. Ahora su marido y ella están trabajando, y esperan encontrar un lugar en el que emprender su nueva vida en Málaga.