Historias de Refugio

Conoce los motivos, las odiseas, los sueños y las experiencias de algunas personas a las que hemos ayudado en nuestros más de 46 años de refugio. Desde 2010 CEAR ha atendido a cerca de 400.000 personas con la ayuda de gente como tú. Descubre y comparte sus historias.

Abdo nació el 1 de marzo de 2002 en la ciudad siria de Idlib, al noroeste del país. Allí vivía con su padre, su madre y sus hermanos. Su vida transcurría entre la tranquilidad y estabilidad de una familia de clase trabajadora, el colegio y los juegos con sus amigos y hermanos, hasta que estalló la guerra de Siria en marzo de 2011.
Katrina trabajaba como periodista feminista en Kabul, se expuso en varias ocasiones de manera pública en contra de los talibanes, y también participaba en Women for Afghan Women (WOW) ayudando a víctimas de violencia machista. Su nombre estaba en la lista negra de los talibanes, debía ser asesinada por ser una amenaza para el régimen.
La guerra en Ucrania y un grave problema de salud forzaron a Valentyn a salir de su país hasta llegar a España. En 2024, un diagnóstico médico le devolvió la esperanza y la ilusión por empezar una nueva vida en Málaga.
Hasta 2012, la vida de Amara era como la de cualquier otro niño maliense. Vivía en Kayes, ciudad situada en el oeste del país. Era el segundo de seis hermanos, cuatro chicos y dos chicas; todos ellos, junto a su madre, residían en la casa de uno de sus tíos. Iba al colegio y, recuerda que en los períodos vacacionales trabajaba ayudando en el campo con tareas de agricultura y ganadería. Su padre no estaba con la familia. Era profesor y desempeñaba su profesión en Gao, región del noreste del país.
Mansour, de Guinea Conakry; Basirou, de Senegal; y Bamba, de Mali, son los tres jóvenes acogidos por CEAR en Málaga, Cádiz y Sevilla, que tendrán el honor de encarnar al rey Baltasar los próximos 5 y 6 de enero en las cabalgatas de sus ciudades, pueblos y barrios.
La violencia intrafamiliar obligó a Mansour a abandonar Guinea Conakry. Tras su paso por Senegal, llegó a España por la peligrosa ruta canaria. La DANA le trajo una visibilidad inesperada, pero él solo quiere empezar a trabajar y emprender una nueva vida con la esperanza de reencontrarse pronto con su madre y su hermano pequeño.
Este matrimonio ecuatoriano tenía una vida “asentada completamente” en su país. Una casa, una familia y un salario que les permitía vivir dignamente, por eso mismo comenzaron a sufrir extorsión y amenazas hasta tal punto que se vieron obligados a huir para proteger su vida. Actualmente, residen en uno de los centros de acogida de CEAR y se sienten, por fin, “a salvo”. Sin embargo, les inquieta el futuro, el acceso al empleo y todos los obstáculos añadidos que implican migrar siendo una persona de edad avanzada.
Wafa lleva toda su vida huyendo de los bombardeos. Nació en un campamento de refugiados en Beddawi, Líbano. Cuando tenía cuatro años vivió el primero de una serie sin fin de desplazamientos, entonces en su mente infantil pensó que “esta sería la última guerra”.
He tenido que empezar mi formación desde cero porque quiero cumplir mi sueño”, señala Yusupha, fisioterapeuta y auxiliar de enfermería en Gambia, quien ahora trabaja como ayudante de cocina en un restaurante sevillano, tras haber recibido una formación de ayudante de cocina que hizo gracias a CEAR en Sevilla. Mientras tanto, sigue realizando cursos que le permitan acreditar su experiencia y profesión.
Cuando el pasado 15 de agosto de 2021, los talibanes llegaron al poder, la vida de miles de personas se vio seriamente amenazada. Marwa, Zabi, Madiha, Bahara y Asghar huyeron de su Afganistán natal en el que tenían un futuro aparentemente prometedor para poner a salvo su vida. Fueron acogidos en Euskadi y Andalucía, desde donde hacen balance de estos tres años y miran con esperanza al futuro.
Esta hondureña era activista de los derechos de las personas LGTBIQ+ y presidenta de las transexuales en la organización Arcoíris en Honduras. Estudió y tenía dos peluquerías, casa, coche… hasta que toda su realidad y sus sueños se desmoronaron de la noche a la mañana, como sucede aún a miles de personas que aún son perseguidas LGTB en todo el mundo.
Idrissa tenía claro que su futuro estaba lejos de la violencia. Ahora, una de las palabras que más se repite mientras está completamente centrado en su entrenamiento diario en el polideportivo del barrio de San Pablo (Sevilla) es “champion”.