Historias de Refugio

Conoce los motivos, las odiseas, los sueños y las experiencias de algunas personas a las que hemos ayudado en nuestros más de 46 años de refugio. Desde 2010 CEAR ha atendido a cerca de 400.000 personas con la ayuda de gente como tú. Descubre y comparte sus historias.

Patricia ha sufrido múltiples violencias por ser mujer que le han obligado a escapar incluso de su nombre. Las amenazas y persecuciones tras ser agredida sexualmente por paramilitares le forzaron a huir de Colombia y buscar refugio en España, donde también afrontó más violencia y miedo. Poco a poco y no sin dificultades, rehace su vida mientras ayuda a otras personas que pasaron por su situación.
Dmytro nació en Ucrania, en la región de Donetsk, donde vivió hasta 2014, cuando Rusia se anexionó la península de Crimea y empezó una guerra en su región que le hizo huir a Moscú. Pero tras la invasión rusa de Ucrania de la que se cumplen ya dos años, "el odio hacia todo lo ucraniano" en Rusia le forzó a dejar de nuevo su hogar y a buscar refugio en España. Ahora, intenta retomar su vida en Valencia.
Amadou no solo explica con palabras las amenazas y violencia que ha sufrido por parte del "grupo rebelde" MFDC (Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamanza), también muestra las cicatrices físicas que le han dejado grabadas en su piel.
Sekou tuvo que huir de Guinea Conakri por persecución política. “Desde muy joven soy activista político y he sufrido varios tipos de violencias, cárcel, torturas y persecución por ello”.
María (nombre ficticio porque aún tiene miedo a confesar el suyo), llegó a España en octubre de 2021, junto a su actual marido, dejando atrás una vida marcada por el miedo, el maltrato, el sufrimiento y las amenazas.
Cuando Bacary comenzó a implicarse en las protestas sociales que se oponían a un nuevo mandato del presidente de su país, sabía que terminaría afectado. No obstante, asegura que no se arrepiente, pese a que tuvo que dejarlo todo atrás.

Cuando Amadou se ríe – una risa contagiosa y divertida – es imposible imaginar que esa alegría de vivir y esa transparencia de alma conviven con las lágrimas de mar […]

Hace 12 años, con el inicio del conflicto bélico en su país, Fátima (nombre ficticio), tuvo que huir junto a su marido y sus cuatro hijos, menores de edad, del que había sido su hogar durante toda su vida: Siria.
Mamadou salta al campo con la agilidad de una gacela y da comienzo a dos horas en las que consigue soltar por completo la mochila migratoria que carga y donde olvida lo sufrido a lo largo de su corta pero intensa vida, donde ha caminado demasiadas veces al borde del precipicio del peligro y el miedo. Regatea, coquetea con el balón, corre como cuando quema la arena y chuta con la fuerza y determinación con las que ha tomado las riendas de su vida. Y se le pinta una sonrisa en la cara.
Aunque ahora respira tranquila, a sus 21 años María ha tenido que enfrentarse a una situación de total inseguridad y desamparo. Su padre, miembro de una de las maras más peligrosas de Centroamérica, insistía para que su hermano menor y ella comenzaran a formar parte de esta pandilla.
Mamadou es de Guinea Conakry y hasta cumplir los 28 años vivía con su familia en la capital de su país. Tras terminar su formación en Sociología, trató de encontrar trabajo, pero la situación era muy compleja: represión, inestabilidad política y económica, violencia e inseguridad. Por lo que, a pesar de dejar todo atrás, decidió asumir el riesgo y salir en busca de una vida mejor.
Arzoo, fiscal, trabajó durante años para combatir la corrupción y la violencia contra las mujeres en Afganistán. Pero cuando los talibanes tomaron el poder, tuvo que abandonar su casa, su trabajo y finalmente su país para salvar su vida.