Historias de Refugio

Conoce los motivos, las odiseas, los sueños y las experiencias de algunas personas a las que hemos ayudado en nuestros más de 46 años de refugio. Desde 2010 CEAR ha atendido a cerca de 400.000 personas con la ayuda de gente como tú. Descubre y comparte sus historias.

Mandaron al mayor de sus hijos, de 16 años, a Europa porque no sabían que los barcos “se hundían con la gente dentro”.
Helmi y Sadeq llegaron a España tras huir de Yemen. Sus historias relatan un viaje en busca de refugio, ante la falta de vías para solicitar asilo.
Noel tiene 24 años y nació en Guinea Conakry. Emigró a Costa de Marfil, pero tras el estallido de la guerra en ese país en 2002, tuvo que huir para salvarse. Primero a países vecinos, luego a España tras arriesgar su vida en el mar.
Adama, de 18 años, nació en Gambia. Con tan solo cinco años, su padre la sometió a la ablación. La mutilación no llegó a culminarse, motivo por el que, una década después, la familia decidió obligarla de nuevo a repetirla. Fue entonces cuando huyó de su país con 15 años, en plena noche y sin llevar más que lo puesto, comenzando un periplo que le llevaría a Senegal, Mauritania, Marruecos y, finalmente a España.
Zabioullah (22 años, Afganistán) confiesa que nunca ha tenido una vida fácil. Antes de emprender la huida, subsistía a duras penas junto a su familia, en un entorno de represión, pobreza y guerra.
Lina (43 años, Siria) hizo todo lo posible por no dejar Siria, hasta que las bombas comenzaron a explotar cerca de su casa y del colegio de sus dos hijos.
Alí (38 años, República Centroafricana) llevaba ocho años trabajando como inspector comercial cuando su país sufrió un golpe de estado y se vio obligado a huir con su familia.
Olga trabajaba como funcionaria en Ucrania, hasta que estalló el conflicto y su ciudad, Donetsk, se convirtió en campo de batalla.
Alfredo de 39 años, Venezuela, optó por no callar ante la corrupción que veía en la empresa hidroeléctrica en la que trabajaba.
Renzo (38 años) tuvo que abandonar su país cuando tan solo era un adolescente. Debido a su orientación sexual, sufrió numerosos ataques de homofobia en su escuela y en su barrio que le hicieron emprender la huida (mira el vídeo más abajo).
Esta una mujer venezolana tuvo que dejarlo todo y huir porque parte de su familia, la sociedad y el Gobierno de su país no aceptaron que amara a otra mujer.
“Yo nací bajo una jaima. No sabes otra cosa que ser refugiado”. Cheija lleva 29 años viviendo de prestado, en lugares que no siente suyos. “Siempre supe que los campamentos no eran mi casa”, dice esta saharaui nacida en los campos de Tindouf, en medio del desierto de Argelia, y residente en España desde 2007.